Alopecia: tipos más comunes y causas

La alopecia es una afección que se define como la pérdida de cabello anormal, tanto en el cuero cabelludo como en otras partes del cuerpo como las cejas, las axilas, la barba o los genitales. Esta patología también es denominada calvicie y puede estar originada por diferentes motivos como factores genéticos, afecciones autoinmunes, factores hormonales, trastornos alimenticios, lesiones, etc. Asimismo, la alopecia puede desarrollarse de diversas formas, por ello, existen diferentes tipologías de la enfermedad con pronósticos, síntomas y tratamientos diferentes.

Tipos de alopecia

A grandes rasgos, todos los tipos de alopecia presentan dos síntomas: el debilitamiento generalizado del pelo y la caída de más de 100 cabellos al día.

Según la posibilidad de tratar y parar el desarrollo de la enfermedad, esta se divide en dos grandes grupos: 

  • Alopecia no cicatricial: pérdida de cabello sin destrucción permanente del folículo piloso. Este proceso es reversible.
  • Alopecia cicatricial: pérdida de cabello con la destrucción del folículo piloso, el cual es remplazado por tejido cicatrizal, lo que genera un proceso irreversible y no tratable.

Por otro lado, en función del origen y la forma en cómo se desarrolla la enfermedad, la alopecia se clasifica en diferentes tipologías. Estas son los tipos más habituales:

  • Alopecia androgénica
  • Alopecia areata
  • Alopecia difusa
  • Alopecia frontal fibrosante
  • Alopecia traumática

La manifestación más común de esta patología es la alopecia androgénica, también conocida como alopecia androgenética o calvicie común. Esta está causa por factores genéticos y afecta, aproximadamente, a un 60% a los hombres y a un 25% a las mujeres.

La alopecia androgénica afecta al 95% de los casos.

Otra manifestación frecuente de la alopecia se da cuando la pérdida del cabello afecta a un área en concreto, formándose parches redondos sin pelo. Esta afección se conoce como alopecia areata, la cual parece tener su origen en un trastorno autoinmune, en el cual el sistema inmune destruye por error los folículos sanos.

La alopecia difusa tiene lugar cuando el folículo piloso sufre una reducción progresiva de su tamaño, provocando así una ralentización en su crecimiento, hasta el punto de detenerse por completo. Como consecuencia de este proceso, el cabello pierde progresivamente su densidad, y el pelo se vuelve más fino, débil y frágil, lo que hace que quede a la vista el cuero cabelludo.

Algunos tipos de alopecia no tienen un origen claro, como es el caso de la alopecia frontal fibrosante. Esta suele afectar a mujeres a partir de la menopausia, aunque también se han encontrado casos en hombres y mujeres pre-menopáusicas. Los últimos estudios sobre esta variante de la enfermedad, apuntan que existe conjunto de mecanismos que activan su desarrollo: factor autoinmune, condicionantes hormonales y la predisposición genética. Esta afección suele afectar a la zona de la frente, las cejas y el pelo de la nuca. 

Finalmente, la alopecia traumática es la aparece como consecuencia de un traumatismo. El folículo piloso no presenta ningún daño, sino que son los factores relacionados con el golpe lo que provocan la despoblación capilar.

También existen otros tipos de alopecia que no responden totalmente a los síntomas asociados a las tipologías anteriormente descritas. Su manifestación en menos frecuente y pueden estar causadas por cuestiones genéticas, consumo de determinados fármacos, infecciones cutáneas, traumatismos, enfermedades de la piel, deficiencias nutricionales, etc.

Las causas detrás de la alopecia

El origen de la alopecia depende, principalmente, de la tipología que sea. En el caso de la alopecia androgénica, por ejemplo, su aparición está relacionada con la herencia genética. No obstante, como ocurre en muchas enfermedades, existen otros factores que también influyen en su aparición. En prácticamente todos los tipos de alopecia el factor hormonal tiene un papel determinante. Siguiendo con el ejemplo de la alopecia androgénica, las hormonas masculinas o andrógenos actúan sobre los folículos pilosos, los cuales se hallan predispuestos por causas genéticas a contraer la afección; estos se ven progresivamente reducidos hasta llegar a atrofiarlos por completo. En otras variantes de la enfermedad, como en la alopecia areata, pueden ser muchos los factores que activen su desarrollo: estrés, déficit nutricional, tabaquismo, contaminación, problemas de tiroides, cuadros infecciosos, anemia, productos cosméticos, tratamientos médicos (como los tratamientos oncológicos), etc.

Diagnóstico de la alopecia

El diagnóstico de la alopecia se obtiene a partir de un exhaustivo estudio del historial clínico del paciente, así como de análisis específicos para detectar las alternaciones que justifiquen su aparición. En algunos casos excepcionales, como en la alopecia cicatrizante de tipo inflamatorio, es necesario la realización de una biopsia del cuero cabelludo acompañado de un estudio histopatológico.

La alopecia en mujeres

Generalmente, la alopecia en mujeres suele aparece o agudizarse a partir de la menopausia o el posparto. La alopecia frontal fibrosante suele ser una de las más comunes, ubicando el nacimiento del cabello mucho más atrás. Por otro lado, otro de los síntomas es la pérdida de densidad capilar en la zona central de la cabeza y la coronilla.

La alopecia en hombres

Por cuestiones genéticas y hormonales, la alopecia en hombres es mucho más frecuente. Los andrógenos, denominadas hormonas masculinas, debilitan el folículo hasta causar la pérdida total del cabello. Los primeros síntomas de alopecia en hombres suelen aparecer entre los 20 y los 25 años. Las zonas más afectadas suelen ser el área frontal de la cabeza, la zona superior y la coronilla.

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